La respuesta del chofer
"Nadie puede sustentar una mentira, por más elaborada que sea, delante de los ojos de Dios."

Los profesores y profesionales que alcanzan el éxito en sus profesiones, acostumbran proferir reuniones para audiencias compuestas, generalmente, de profesionales de la misma área. Es curioso constatar que la misma reunión proferida para audiencias distintas provocará, por parte de los oyentes, preguntas muy semejantes.
Así fue que un economista brillante recorría todo el país, haciendo siempre la misma reunión. Tenía el hombre un fiel chofer que, por coincidencia, tenía una increíble semejanza física con él. Los dos siempre iban juntos para todos lados. Sin nada que hacer durante aquellas dos horas de reunión, el chofer se juntaba a los oyentes, sentándose bien adelante, a oír atentamente, como si también fuese un economista.
Fueron tantas las veces que oyó las mismas palabras y preguntas por parte de la audiencia que, un día, se atrevió a afirmar al profesor que estaba apto a proferir él mismo la reunión.
El profesor, ya cansado de repetir el mismo tema, se puso entonces a oír al chofer, y con sorpresa se dio cuenta que el hombre se sabía todo. Le hizo todas las preguntas de costumbre y el chofer, respondió todas, sin pestañear. El profesor pasó entonces a usarlo. A partir de entonces, ellos se turnaban. Un día, uno daba la reunión y el otro se sentaba en la primera fila, como el chofer; al otro día al revés.
Los dos se divertían con la situación y todo iba muy bien, hasta que en una reunión ministrada por el chofer, alguien se levantó e hizo una pregunta que nadie jamás había hecho antes. El pobre chofer quedó mudo. La pregunta era directa, clara e inteligente, pero él nunca la había oído al profesor responder. Se hizo un silencio profundo en el auditorio, todos aguardaban la respuesta del profesor.
— Bien — comenzó el angustiado chofer — esa pregunta que el señor me formula es, en su contenido, tan simple de ser respondida que hasta mi chofer, aquí sentado en la primer fila, tiene condiciones de responderla. Chofer, por favor, venga aquí al micrófono y dé al señor la respuesta.
Siempre está el día en que lo oculto es revelado.
Nadie puede sustentar una mentira, por más elaborada que sea, delante de los ojos de Dios. ¿No es Jesús quien dice «...nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse» (Mateo 10:26)?
