Una batalla espiritual
"No luchamos contra carne y sangre, sino contra fuerzas espirituales de maldad."

Así como el pueblo de Israel vivió, y vive, una batalla contra los enemigos que quieren apoderarse de sus tierras, nosotros vivimos una batalla espiritual.
A partir del momento en que uno se entrega a Jesús, comienza un enfrentamiento espiritual: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:12-17).
Nosotros vivíamos en el cautiverio de Lucifer, y estas potestades gobernaban nuestras vidas a través de enfermedades, vicios, tristeza… Al conocer a Dios fuimos transportados del reino de las tinieblas al de la Luz, pero los demonios que salieron de nuestros cuerpos buscan volver. Ustedes deben tener esta visión de batalla espiritual, si no, no podrán discernir las voces que oyen, las amistades que se les acercan y caerán en tentación.
